
Foto bajada de Flickr
En el frescor profundo de este valle tranquilo
se podría morir de verdad y silencio.
Reintegrarse a la tierra como la hoja dorada
y subir hasta Dios en olvido perfecto.
En el trino de un pájaro se hizo delicia el mundo
y acarició los montes la campana del ángelus.
Emprendí mi regreso como quien va desnudo,
como si el alma se me volviera canto.
Y, en un recodo estaban los brazos del silencio
clavados con estrellas sobre la cruz de un árbol.

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