Foto bajada de FlickrSiento a Dios que camina
tan en mí, con la tarde y con el mar.
Con él nos vamos juntos. Anochece.
Con él anochecemos, Orfandad.
Pero yo siento a Dios. Y hasta parece
que él me dicta no sé qué buen color.
Como un hospitalario, es bueno y triste,
mustía un dulce desdén de enamorado:
debe dolerle mucho el corazón.
César Vallejos

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